Les cuento …

Hace cuatro años tuve la bendita oportunidad de conocer por primera vez el Cairo, Egipto; país por demás interesantísimo.

Por su historia milenaria, por la atmósfera que lo envuelve, la cultura diametralmente opuesta a la nuestra, por el fino polvo arenoso color dorado y ámbar que cubre toda la ciudad, sus costumbres, creencias, sabores, colores, por su forma de conducirse, de observar, de hablar, por eso y por mucho, DESDE LA PRIMERA VEZ EGIPTO ME ENCANTÓ. 

El primer día, caminé largas horas por el Viejo Cairo… recorrí Iglesias, museos, bazares, tiendas con papiros llenos de jeroglíficos, pasé por locales donde colgaban shilabas de algodón, vestidos con detalles llamativos, teteras, pashminas, joyería exótica, ollas, especias, ungüentos, comida. 

Llegué finalmente a la Mezquita de Amr, me lavé los pies respetando sus costumbres (para que se purifique el creyente, antes de orar). Confieso iba con los ojos muy abiertos tratando de captar y entender TODO TODO TODO desde el fervor, el sonido de sus rezos, su indumentaria, su aroma, su agilidad para hincarse y alcanzar a apoyar la frente en el suelo, las familias, los ancianos, los niños. 

También me hinque para hacer mi oración, al final creo que a todos nos escucha Dios. Después de un rato, levanté la vista y vi un grupo de jovencitas de aproximadamente 20 o 21 años que no me quitaban los ojos de encima, muy bonitas, vestidas con ropa conservadora, cubiertas completamente de brazos y piernas como si trajeran puesta prenda tras prenda para cubrir toda su piel. Las vi de uñas pintadas, tenis un sinónimo de “converse”, collares largos arriba de su ropa, su pañoleta “HIYAB” cubriendo cabello, cuello y parte del rostro… solo les veía sus ojos grandes y expresivos muy bien maquillados.

Me moría de ganas por tomarles una foto, pero vi que ellas se cuchicheaban en voz baja volteando a verme, hasta que una de ellas se adelantó y se acercó a mí, me pidió en ÁRABE (claro que no le entendí) que si nos tomábamos una foto, me lo pidió a señas ¡YO ENCANTADA! Y pa pronto nos tomamos muchas fotos. 

El idioma no fue impedimento, después de cada ráfaga de fotos, ellas y yo checábamos el celular y si no nos gustaban la borrábamos y nos volvíamos a poner en pose “pa la picture” 

Finalmente una de ellas, con la habilidad de los jóvenes de estos tiempos, tomó mi celular, me preguntó que si tenía FACEBOOK, dije que sí, le cambió el idioma a mi teléfono, del español al árabe, escribió mi nombre, me mandó solicitud de “amistad”,  yo acepté, y en segundos me volvió a dejar mi celular en español.

Desde el 2016 nos seguimos, somos amigas.  

Ella lee el saludo de todos los días que escribo en mi muro, le da LIKE a mi taza, a los viajes, a las aventuras de Recorre BC, me manda bendiciones cuando salgo, cuando regreso con bien.

Yo igual … Estos años he visto su “cotidianidad” a través de FB, su escuela, sus compañeros, su familia, el abuelo, el novio, por cierto, le acaban de entregar anillo de compromiso (me dio mucho gusto) voy conociendo su cultura.

Curiosamente, cumplimos años el mismo día, 17 de julio – eso nos causa risa.

En 2018, cuando regresé a El Cairo, le dejé un regalo en la recepción del hotel donde estuve hospedada, pues no tuve oportunidad de verla. 

Me sorprenden estas modernidades del internet, la facilidad que se tiene para estar conectados, puedes estar en comunicación con alguien desde un extremo del mundo, hasta la otra punta del planeta. Teje lazos de afecto y nacen amistades.

En nuestro próximo viaje a medio oriente en el año 2020, espero verla. 

No subo fotos de ella por respeto, pero le mando un fuerte abrazo desde México. 

Egipto es Precioso.